sábado, 8 de marzo de 2008

Alejo IV Ángelo "El Joven" (1203-1204)


Alejo IV Ángel
Por Galo Garcés


El reinado de Alejo IV “El Joven” fue el golpe de gracia al debilitado Imperio Romano de Oriente. Este joven autócrata fue la marioneta de los cruzados francos y venecianos en Constantinopla, y su muerte fue la excusa para que éstos tomaran la Gran Ciudad del Bósforo, la saquearan brutalmente, y, finalmente, fundaran el decadente y miserable Imperio Latino de Constantinopla, también llamado “Romania”.

Inicios de Alejo IV en el Imperio:
Alejo IV nació alrededor del año 1182, dos años después de la muerte del gran emperador Manuel I Comneno, el cual había dado a Bizancio sus últimos días de esplendor.
Alejo era hijo de Isaac Ángel, miembro menor de la familia imperial, y probablemente de Irene, hija bastarda del Basileo Andrónico Comneno y su amante Teodora Comnena, sobrina de Manuel I y viuda de Balduino III, fallecido rey de Jerusalén. Sus 2 hermanas de padre y madre fueron Eudocia, una monja, e Irene, casada con Roger III de Sicilia y más adelante con Felipe de Suabia, rey de Germania.
De esta manera, el príncipe Alejo descendía por ambos lados de la gloriosa y poderosa familia Comneno, cuya dinastía había dado a Bizancio 3 grandes emperadores.
Durante el reinado de su padre, Alejo vivió al lado de este, y como hijo del Basileo, tuvo una vida llena de lujo e innumerables comodidades. En su juventud, estuvo comprometido con la princesa eslava Eufemia de Chernigov. Era esperado que Alejo, por ser el vástago mayor de Isaac, sucediera a éste en el trono, lo cual sucedió, gracias a la intervención de los cruzados en Constantinopla y la restauración de su padre en el trono de los césares.

Aprisionamiento y huída a Germania:
En 1195, mientras Isaac II había salido de caza a Tracia, Alejo Ángel, hermano de Isaac y tío de Alejo IV, fue proclamado emperador por los generales Miguel Cantacuzeno, Juan Petralifas y Teodoro Branas, altos mandos del ejército bizantino. Su padre fue cegado y luego encarcelado en la Torre de Anemas, y tanto él como su madrastra, Margarita de Hungría (llamada María en Bizancio) y sus hermanastros (Juan y Manuel) eran encarcelados junto a Isaac ese mismo año.
Mientras Alejo estaba encarcelado, durante el año 1201, su tío y emperador Alejo III iniciaba una campaña contra el protostrator Manuel Camytzes, el cual se había rebelado contra el Basileo y se había unido a los búlgaros y válacos de su yerno Dobromir, conocido en Bizancio como “Crysos”, un prominente caudillo búlgaro. Con ayuda de 2 mercaderes pisanos, el joven príncipe Alejo se escabulló de su celda y partió rumbo al puerto de Ancona; luego se dirigió a las tierras del Sacro Imperio Romano Germánico, donde reinaba como regente su cuñado, Felipe de Hohenstaufen, duque de Suabia y rey de Alemania, al cual pidió asilo.
En la corte alemana, Alejo conoció a Bonifacio, marqués de Montferrato, el cual había sido escogido recientemente líder de la 4ta. Cruzada, proclamada por Inocencio III para la invasión a Egipto. Bonifacio se hallaba en la corte alemana, visitando a Felipe, mientras los cruzados estaban sitiando la ciudad de Zara (actual Zadar), en Dalmacia.
En el campamento cruzado ubicado en Zara, Alejo se presentó, acompañado por Bonifacio, ante los barones francos y el Dogo de Venecia, Enrico Dandolo. Convenció a los cruzados de ayudarlo a recuperar el trono de su padre bajo los siguientes acuerdos:
- 10.000 soldados bizantinos apoyarían al ejército cruzado.
- 500 caballeros griegos serían mantenidos como guarnición en el Santo Sepulcro.
- La flota bizantina apoyaría en el transporte de los cruzados a Egipto.
- 200.000 marcos de plata por la ayuda recibida.
- El retorno de la obediencia de la Iglesia Griega a la Romana.
Estos fueron los tratos pactados por el joven príncipe con los cruzados, para restaurar en el trono al Isaac II. En efecto, Alejo pretendía ocupar el trono, puesto que su padre se hallaba ciego, y, en Bizancio, un ciego no podía reinar. Ya en el año 1201, mediante los acuerdos secretos de Haguenau, el rey Felipe de Alemania, el marqués Bonifacio, el dogo Dándolo y Alejo IV, acordaron desviar la cruzada rumbo la ciudad de Constantinopla, capital del Imperio de Oriente.

El sitio de Constantinopla y la coronación de Alejo IV:
En el año 1203, los cruzados llegaron a Constantinopla; el recorrido de los cruzados fue las siguientes ciudades e islas:
- El 7 de Abril de 1203, los cruzados partieron de Zara rumbo a la ciudad de Dirraquio, capital de un ducado bizantino, la cual se rindió ante los cruzados y reconoció al joven Alejo como su legítimo Basileo.
- En Corfú, el gobernador bizantino se negó a abrir sus puertas a los cruzados, los cuales pillaron las principales aldeas y zonas de la isla. El 24 de mayo de 1203 los cruzados abandonaron Corfú.
- Los caballeros cruzados llegaron a la isla de Andros, la cual fue brutalmente saqueada y la mayoría de aldeas y zonas ricas de la isla fueron pilladas e incendiadas.
- La flota veneciana cruzó los Dardanelos y llegó a la ciudad de Abydos. Los cruzados permanecieron una semana en la ciudad, robando trigo y otras provisiones.
- Los cruzados llegaron el 23 de Junio de 1203 al monasterio de San Esteban, desde el cual se podía ver la gran ciudad de Constantinopla.
- Al día siguiente, los cruzados sitiaron y tomaron la ciudad de Calcedonia, en la costa asiática de Bizancio.
Las ciudades de Calcedonia y Crisópolis (Scutari), fueron saqueadas por los cruzados, los cuales se asentaron en los Palacios que Alejo III había mando a construir en aquellas 2 ciudades. Estos también se batieron en Scutari con las tropas del general Teodoro Láscaris, el cual trató sin éxito expulsarlos de Bizancio; otro intento fue liderado por el ineficaz megaduque Miguel Stryfnos, el cual, al mando de 500 caballeros griegos, atacó a los cruzados, los cuales derrotaron a los bizantinos y saquearon el campamento griego.
Los cruzados comenzaron el asedio a Constantinopla, mostrando al joven Alejo por diversos sectores de las murallas; sin embargo, para sorpresa de estos, a los bizantinos les dió igual la presencia de Alejo en el campamento cruzado. Los latinos atacaron la ciudad de Constantino, cuyas murallas, tenían la fama de inexpugnables y que además, daban a la guarnición bizantina gran ventaja en la defensa. Tras romper los marinos venecianos la cadena de hierro que cerraba el Cuerno de Oro, la flota veneciana desembarcó a los cruzados frente a las murallas marítimas de Constantinopla, atacando principalmente los sectores de Blaquernas y Petria. En Blaquernas, se hallaba el Palacio Imperial, por lo cual, cuando los cruzados atacaron con fuerza ese sector, el emperador usurpador Alejo III Comneno-Ángel (Alejo III se apropió del apellido Comneno para tratar de incrementar su menguado poder), ordenó que saliera a la defensa de las murallas de Palacio, la famosa y temida Guardia Imperial Varega, formada por ingleses, daneses, escandinavos y rusos, la cual hizo retroceder a los cruzados y logró expulsarlos de las murallas.
Finalmente, temiendo perder la vida en los combates contra los latinos, Alejo III huyó de la ciudad, con 10.000 monedas de oro y algunas damas de la corte (incluida su hija favorita, Irene). Entonces, los bizantinos, al ver que no había un Basileo, decidieron sacar de prisión a Isaac II, el cual, a pesar de estar cegado, fue puesto en el trono de los césares. Los barones cruzados presionaron a Isaac para que coronara a Alejo como co-emperador y lo nombrara heredero legítimo al imperio.
Fue entonces, que el 1 de Agosto del año 1203, Alejo fue coronado como Alejo IV Ángel, Basileo de Bizancio, emperador de los romanos y autócrata de Constantinopla.

El reinado de Alejo IV (de Agosto de 1203- Enero de 1204):
El corto reinado de Alejo IV “El Joven”, fue catastrófico para el Imperio. La situación entre la población bizantina y los cruzados se ponía cada vez mas tensa. Alejo IV había rogado a los cruzados que se retiraran de la ciudad hacia extramuros, pues estos habían atacado a la población sarracena que vivía en la ciudad desde los tiempos de los Comnenos.
Mientras en Tracia, Alejo III intentaba armar la resistencia contra los invasores latinos, los búlgaros liderados esta vez por Kaloyán, hermano menor de Pedro e Iván Asen, atacaban impunemente las fronteras de los bizantinos en Tracia y penetraban en Macedonia. En Constantinopla, Isaac II “El Ciego”, se daba cuenta de las amenazas que rodeaban a su debilitado imperio, y que su hijo Alejo no estaba preparado para dominar la crisis que se cernía sobre esa sombra de imperio. En la corte, Isaac se dedicó a atacar la imagen pública de su hijo Alejo, diciendo que este paraba en compañía de “hombres depravados”.
Ante la gravedad de la situación, Alejo empezó a saquear las iglesias de la ciudad, fundiendo la plata de los iconos, y a sus enemigos políticos les confiscó todos sus bienes y propiedades. Además de esto, el joven autócrata decidió saquear algunas ciudades y aldeas tracias, con la intención de que el botín fuera destinado al pago de los cruzados.
En Setiembre de 1203, una embajada de los barones cruzados se presentó ante las puertas del Palacio Imperial de las Blaquernas. Fueron recibidos por el emperador Isaac II, su mujer María (Margarita) de Hungría, el joven Alejo IV, por la emperatriz viuda Inés de Francia (viuda de los emperadores Alejo II y Andrónico I) y por Alejo Ducas, el Protovestiario, apodado Murzuflo (“el de las pobladas cejas”). En este encuentro los cruzados exigieron de manera arrogante al Basileo la cancelación de la deuda pendiente y que se cumplieran los pactos acordados. No bastaron los leones y avecillas de metal mecanizados, ni el boato de los bizantinos para intimidar a los cruzados, pues estos, casi desafiando la autoridad de los Basileos, afirmaron que detrás de todo ese montaje, se descubría una debilidad monumental. Fue entonces cuando Isaac, sin poder soportar la humillación, se levantó de su trono y dijo a los cruzados: “nadie nunca se atrevió a desafiar la autoridad de los cesares en el propio palacio. ¡No responderé vuestra insolencia!” gritó y mando a llamar a la guardia palaciega.
A estas alturas la situación ya era insostenible, y los bizantinos ya no aguantaban más la presencia de los cruzados en las afueras de Constantinopla. En Diciembre de 1203, los Constantinopolitanos se hartaron de la presencia de los cruzados, por lo cual masacraron a muchos latinos que estaban en la ciudad. Ante esto, los cruzados se sintieron defraudados por Alejo, el cual hizo caso omiso a las quejas de los latinos, con su famosa frase: “No haré más de lo que ya he hecho”. A estas alturas, Alejo se había vuelto impopular en Constantinopla, al igual que su padre. A inicios de enero del año 1204, Alejo decidió atacar a la flota veneciana que se encontraba en el Cuerno de Oro. Para esta maniobra se valió de 17 buques de la flota imperial, los cuales, cargados con fuego griego, tenían la misión de quemar todos los barcos venecianos posibles, pero estos fallaron en su cometido.

Fin del Reinado de Alejo IV “El Joven”:
A finales de Enero, la población bizantina, harta de las torpezas, los desatinos y la política de los Ángel, proclamó en Santa Sofía, instigados por algunos nobles y altos sacerdotes, a Nicolás Canabus.
Ante esta catastrófica situación, Alejo intentó conciliar con los cruzados, para lo cual designó a su Protovestiario Alejo Ducas Murzuflo, como emisario para ganar la ayuda de los latinos, más Murzuflo, un intransigente anti-latino, no obedeció las órdenes del joven Basileo. Murzuflo tomó el poder en Constantinopla la noche del 27-28 de Enero, con ayuda de la guardia Varega arresto a Alejo IV y a su padre Isaac II, para luego enviarlos a las mazmorras de la ciudad.
Isaac II falleció poco tiempo después, en cuanto Alejo IV fue ahorcado el 8 de febrero por la guardia Varega. Nicolás Canabus, el Basileo elegido por el populacho, fue ejecutado por Murzuflo y finalmente este se proclamo nuevo autócrata de la ciudad. El cuerpo del joven Alejo IV fue molido a mazazos por órdenes de Murzuflo.

La toma de Constantinopla por los cruzados:
Tras muchos enfrentamientos entre Murzuflo y los cruzados, los últimos tomaron la ciudad de Constantino el 12 de abril de 1204. La “Nueva Roma” fue sometida a un brutal saqueo, muchos palacios e iglesias fueron despojados de sus tesoros y reliquias; la población sufrió muchos tormentos, incluyendo matanzas, violaciones y torturas de toda clase.
Innumerables edificios públicos, bellos palacios y casas, iglesias, basílicas, entre otros fueron incendiados. La gran iglesia de Santa Sofía fue saqueada brutalmente, todos los ornamentos sagrados fueron robados. El palacio de las Blaquernas se rindió ante las tropas del Conde Enrique de Flandes, el cual prometió no hacer daño a nadie que se encontrara dentro del Palacio. Mientras tanto Murzuflo había abordado una nave en Puerto de Bucoleón, con dirección a Tracia. En la nave se encontraban la princesa Eudocia Angelina, hija de Alejo III y amante de Murzuflo, y la emperatriz Eufrosina, madre de Eudocia. Enterado de la huída de Murzuflo, Bonifacio, el marqués de Montferrato y líder de los cruzados, se dirigió al palacio de Bucoleón, donde encontró, aparte de un gran tesoro, a la viuda de Isaac II, Margarita de Hungría, de la cual se había enamorado. También se encontraban en el magnífico recinto la emperatriz viuda Inés de Francia, ahora amante del conspirador general Teodoro Branas. Los cruzados se repartieron el imperio de Bizancio, proclamaron emperador a Balduino de Flandes y comenzaron la invasión de los territorios del antiguo imperio.

Consideraciones Finales:
El reinado de Alejo IV fue, como dije anteriormente, el golpe de gracia al debilitado Imperio Romano de Oriente. Bizancio jamás se recuperó del saqueo por parte de los cruzados, los cuales se repartieron Grecia y Tracia a su antojo, y dejaron ambas provincias en la ruina tras los combates contra búlgaros y griegos. Muchas fueron las causas de este lamentable suceso, y si bien se debe de echar algo de culpa al incompetente Alejo IV, también sus antecesores cometieron errores monumentales, que llevaron al imperio a la ruina y decadencia total.