sábado, 8 de marzo de 2008


Alejo V Murzuflo (1204)
Por Galo Garcés

El reinado de Alejo Ducas Murzuflo (el de pobladas cejas), que duró los meses de Febrero, Marzo, y parte de Abril del año 1204, culminó con la toma de Constantinopla por los cruzados el 12 de Abril de 1204. Durante su corto reinado, Murzuflo trató de expulsar a los cruzados de Bizancio, mas sus intentos fallaron, y finalmente huiría de la ciudad antes de ser capturado por los latinos.

Antes de ser emperador:
Alejo era miembro de la noble y poderosa familia Ducas, la cual había dado a Bizancio los incompetentes emperadores Constantino X y Miguel VII Parapinacio. En su condición de noble y del linaje de los Ducas, Murzuflo ocupó durante el reinado de Alejo III Ángel el rango de Protovestiarios y además de esto, se convirtió en amante de la hija de este, Eudocia, la cual había sido princesa consorte de Serbia, mas había sido humillada y exiliada del país por su propio esposo, el príncipe serbio Esteban Nemanja. Antes de estar con Eudocia, Murzuflo había estado casado 2 veces.
Durante el reinado de Alejo III, Murzuflo fue un mero espectador de la corrupción y decadencia en la se hallaba sumida la corte imperial de Bizancio. El imperio no era mas que una sombra de lo que fue en otros tiempos; con los búlgaros devastando Tracia y arrinconando a los ejércitos bizantinos en Macedonia, la cual sería atacada impunemente tras la llegada de los cruzados. Para colmo de males, los búlgaros no eran el único problema; los turcos Selyúcidas de Iconio habían tomado Attalia a los Basileos de Bizancio y habían encontrado a través de ella salida al mar; aparte de estos hechos, el gobernador provincial asiático Miguel Ducas se había rebelado contra el Basileo en el Thema de Mylasa, adueñándose de gran parte de Asia Menor con ayuda de los turcos, los cuales desafiaban la autoridad imperial en los territorios cercanos a la ciudad de Antioquía de Pisidia.
Mientras tanto, en Constantinopla, Alejo III se dedicaba a gastar el tesoro público en sus jardines y palacios, y tomó como medida ante esta catástrofe, apropiarse del apellido Comneno, que en palabras del Logoteta Nicetas Choniates, había llegado a ser sinónimo de poder y autoridad. La anarquía dominaba el estado bizantino en estos tiempos, e incluso los generales y funcionarios imperiales dilapidaban el dinero publico buscando su propio lucro, como el megaduque Miguel Stryfnos, jefe de la marina, que vendió velas y jarcias pertenecientes a la flota, buscando llenar de esta forma sus arcas.
En el año 1200, Murzuflo había sido parte del atentado de Juan Comneno por usurpar el trono a Alejo III, el cual resultó frustrado. Como consecuencia de esto, Murzuflo fue encarcelado y no sería liberado hasta la restauración en el trono de Isaac II, junto con su hijo Alejo IV.

Llegada de los Cruzados a Constantinopla:
Fue entonces que Alejo III tuvo que enfrentarse a su sobrino Alejo “El Joven”, hijo de su hermano Isaac II, el legítimo Basileo al cual Alejo III había depuesto y cegado, adueñándose de la púrpura y la diadema de los romanos, y arrojando a su desdichado hermano a las mazmorras de la Torre de Anemas. El joven príncipe Alejo había escapado de la mazmorra en la que se encontraba con ayuda de 2 comerciantes pisanos, y fue conducido a Alemania, mientras el Basileo batallaba contra el general rebelde Manuel Camytzes, el cual se había unido a los búlgaros.
Alejo IV “El Joven” llegó a Constantinopla en el año 1202, acompañado del ejército de la 4ta. Cruzada, el cual estaba liderado por el marqués italiano Bonifacio de Montferrato. Los cruzados habían sido transportados a la Ciudad por la flota veneciana, encabezada por el anciano Dogo Enrico Dándolo. Los cruzados primero atacaron, tomaron y saquearon las ciudades de Calcedonia y Crisópolis, en la costa asiática de Constantinopla, y asentándose en los Palacios de ambas ciudades. A pesar de los intentos del incapaz megaduque Stryfnos y del valiente general Teodoro Láscaris, los bizantinos no consiguieron expulsar a los cruzados de Bizancio.
Los cruzados pusieron sitio a la Ciudad de Constantino, tanto por tierra como por mar, pues los marinos venecianos se valieron de una tijera de hierro colocada en una de sus galeras para cortar en dos la gran cadena de hierro que cerraba el Cuerno de Oro. A pesar de los intentos de la flota bizantina por evitar el desembarco de los cruzados frente a las murallas marítimas, los navíos venecianos burlaron con facilidad a la antaño poderosa y prestigiosa flota imperial, ahora conformada por unos cuantos buques. Cuando los cruzados atacaron con fuerza los sectores de las murallas allende los barrios de Blaquernas y Petria, el emperador ordenó que saliera en defensa de las murallas marítimas la Guardia Varega, unidad de élite imperial. La Guardia Varega rechazó con fuerza la embestida de los cruzados, e incluso los hizo retroceder de las fortificaciones. Luego, el emperador salió de la ciudad, dispuesto a combatir a los cruzados. La elegancia de los guerreros bizantinos, con sus armaduras y cascos brillantes, sus sables afilados y los estandartes purpúreos, no intimidó a los cruzados, los cuales atacaron con más ímpetu al saber que el Basileo se encontraba fuera de la ciudad. Viendo las hordas de latinos abalanzándose sobre sus tropas y tomando en cuenta que podría morir durante el combate, Alejo III se retiró del campo abierto y volvió a las murallas fortificadas.
Lo comprometido de la situación hizo tomar al Basileo la peor decisión. Alejo III abandonó la ciudad de Constantinopla, llevando consigo 10.000 monedas de oro, algunas joyas saqueadas de las capillas del Palacio de las Blaquernas, y a su hija favorita Irene. El emperador dejó a su mujer Eufrosina y a sus hijas Ana y Eudocia, la amante de Murzuflo, en la Ciudad. Alejo III llegó a Develtos, en Tracia, donde empezó a organizar la resistencia contra los latinos en la principales ciudades tracias, como Adrianópolis, Mosynópolis y Demótica. Mas la resistencia fue esporádica, ya que los búlgaros asolaban con impunidad las aldeas y ciudades tracias, lo cual dejaba Alejo III un escaso numero de soldados, pues la mayoría se encontraban en las guarniciones de las principales fortalezas de la zona, haciendo frente a las hordas búlgaras del zar Kaloyan.
Entonces, los bizantinos decidieron, al ver que no tenían Basileo, sacar al anciano y ciego Isaac II de prisión, y revestirlo con la púrpura imperial. Los cruzados, sintiéndose burlados por los griegos, presionaron a Isaac II para que coronara al joven Alejo como co-emperador. Entonces Alejo IV fue coronado Basileo en Santa Sofía el 1 de Agosto del año 1203. Fue entonces cuando Murzuflo fue liberado de prisión, e Isaac II y Alejo IV lo restablecieron en su rango de Protovestiario.

El efímero reinado de Alejo IV:
Restablecido en su cargo y con su dignidad devuelta, Murzuflo volvió a la vida cortesana. En la ciudad, las cosas iban de mal en peor, pues los Angelos eran cada vez mas odiados por el pueblo, ya que los culpaban de haber traído a los cruzados a Constantinopla. Ya había mucha tensión entre latinos y bizantinos a estas alturas, y hubo enfrentamientos entre los cruzados y los sarracenos de la ciudad, ya que los primeros habían atacado e incendiado las mezquitas construidas por los últimos en Constantinopla, bajo el beneplácito de los monarcas Comnenos. Fue entonces que Alejo IV rogó a los peregrinos que se retiraran a su base, allende la Torre de Gálata y a extramuros.
En Constantinopla, la situación era insostenible, puesto que la gente odiaba cada vez más el régimen de los Angelos, y sobre todo estaban hastiados de tener tan cerca de su ciudad a los latinos. Muchos senadores y altos sacerdotes de la ciudad, ya pensaban en derrocar a los ineptos Basileos. Murzuflo mientras, ganaba la confianza y el apoyo de los jefes del ejército, y de muchos nobles de la facción anti-latina.
Murzuflo, en su calidad de Protovestiario, recibió junto a los Basileos la embajada de los barones cruzados en Septiembre de 1203. La recepción de los barones tuvo lugar en el Palacio de las Blaquernas, donde Isaac II, su hijo Alejo IV, entre otros miembros prominentes de la corte, recibieron a los líderes latinos. Allí los cruzados pusieron en claro sus condiciones, sin ningún respeto hacia la autoridad de los emperadores, lo cual suscitó molestia entre muchos cortesanos e incluso en Isaac II, el cual ordenó a los barones que salieran inmediatamente de Palacio y volvieran a su campamento.
Tras muchos enfrentamientos entre los emperadores y el pueblo bizantino, los últimos destronaron a Isaac II y Alejo IV, reemplazándolos por el noble Nicolás Canabus, el cual fue coronado emperador en Santa Sofía por algunos nobles y altos sacerdotes.
A estas alturas, la “Nueva Roma” estaba dominada por la anarquía y la inestabilidad política. Los Basileos, al ver que perdían su poder, y encontrándose acorralados en el Palacio Imperial, enviaron a Murzuflo, para que consiguiera de nuevo la ayuda de los cruzados. Pero Murzuflo, un intransigente anti-latino, desobedeció la orden de los Basileos y finalmente, la noche del 27-28 de Enero del año 1204, tomó el poder, destronando a los emperadores Isaac II y Alejo IV en palacio, los cuales fueron arrestados.
Isaac II fue devuelto a las mazmorras de la Torre de Anemas, donde murió en extrañas circunstancias (posiblemente envenenado por Murzuflo). En cuanto Alejo IV fue conducido también a las mazmorras, hasta que, finalmente, fue ahorcado por órdenes de Murzuflo el 8 de Febrero de 1204. Murzuflo también ordenó a la Guardia Varega (que le había apoyado en su golpe de estado) que molieran a mazazos el cuerpo de sin vida de Alejo IV.
Finalmente, Murzuflo se deshizo de la última persona que lo amenazaba en su posición de autócrata, Nicolás Canabus, el cual fue decapitado por la Guardia Varega. A estas alturas, el imperio era de Murzuflo, el cual era firmemente apoyado por los altos mandos del ejército bizantino.

El Reinado de Alejo V Murzuflo:
A estas alturas, la relación del imperio con los cruzados era insostenible. Fue entonces que Murzuflo empezó la reparación de las murallas Teodosianas y las murallas marítimas, las cuales habían sufrido daños severos tras el asedio por parte de los cruzados. También Murzuflo entabló relaciones con los cruzados, para evitar otro sitio; sin embargo, las negociaciones fueron un fracaso total y rotundo. Murzuflo aceptó todas las condiciones de los cruzados, excepto el retorno de la Iglesia Griega a la romana. Esta fue la excusa en la que se basaron los peregrinos para asediar nuevamente la Ciudad de Constantino. Entonces Murzuflo continuó con los trabajos de reparación de las murallas de la Ciudad, para que sus tropas pudieran resistir la embestida de los cruzados a la hora del asedio.
Los cruzados decidieron atacar y saquear la aldea costera llamada Filea, a orillas del Mar Negro (Ponto Euxino), en represalia por la actitud de Murzuflo. Fue entonces que éste, ordenó la salida del ejército bizantino, comandado por él, llevando el Icono de la Virgen María como estandarte.
Este Icono era muy importante para la Iglesia Griega, pues se decía que había sido hecho por apóstol San Lucas. El rico puerto de Filea fue saqueado y destruido, y mientras los cruzados se retiraban del lugar, fueron sorprendidos por el ejército imperial, comandado por Murzuflo; sin embargo, los cruzados derrotaron a los bizantinos en aquella escaramuza. En su huída, Murzuflo perdió el Icono, y al llegar a la ciudad, pidió a todos los soldados que no lo revelaran, pero esta medida fue inútil, pues los cruzados desfilaron con el Icono ante las murallas marítimas, causando gran humillación y tristeza a los defensores de la ciudad.
Los barones cruzados decidieron que era momento de repartirse las tierras del imperio, pues estos sabían que la ciudad caería pronto en sus manos, debido a que los defensores estaban desmoralizados tras la pérdida del Icono, y también porque la flota veneciana se encontraba en el Cuerno de Oro y podría transportar a los cruzados hacia las murallas marítimas con mucha facilidad, pues lo que quedaba de la flota bizantina no era suficiente para detener el avance de los grandes navíos venecianos.




La toma de Constantinopla y la Huída de Murzuflo:
Los cruzados volvieron a asediar la capital bizantina el viernes 8 de Abril del año 1204. Los bizantinos se batieron con valor y coraje ante las hordas cruzadas, expulsándolos de las murallas marítimas.
Durante 3 días los bizantinos defendieron exitosamente las murallas de la ciudad, pero, un sorpresivo incendio desmoralizó aun más a los defensores; finalmente el martes 12 de Abril los cruzados entraron en la “Nueva Roma” y la sometieron a un devastador saqueo. Murzuflo, antes de caer “como postre o bocado suculento ante los invasores” se retiró hacia el Palacio de Bucoleón, donde encontró a la emperatriz Eufrosina y a la hija de ésta, su amante Eudocia. Con ellas huyó de la ciudad por la Puerta de Oro de Constantinopla, rumbo a Mosynópolis, en Tracia. En dicha ciudad Murzuflo se encontró con Alejo III, el cual controlaba gran parte de Tracia.
En Mosynópolis, Alejo III aceptó a Murzuflo como co-emperador y yerno; Murzuflo contrajo matrimonio con Eudocia, y de esta manera, se emparentaba con la familia imperial de los Ángel.

La Resistencia Bizantina y el fin de Murzuflo:
Mientras Murzuflo y Alejo III intentaban organizar la resistencia contra los cruzados, éstos habían proclamado emperador de Constantinopla a Balduino de Flandes, a pesar de que gran cantidad de caballeros e incluso nobles bizantinos preferían a Bonifacio de Montferrato; los venecianos se opusieron tajantemente a la elección de Bonifacio, pues su familia estaba emparentada con las casas imperiales de los Comnenos y los Angelos. Los cruzados entonces decidieron invadir los restos europeos y asiáticos del Imperio.
En Asia, el general Constantino Láscaris, proclamado Basileo por el patriarca y un grupo de nobles antes de la caída de la ciudad en manos latinas, organizó la resistencia, tomando como base la gran ciudad de Nicea, a orillas del lago Ascanio. También otros señores bizantinos crearon sus propios principados en torno a las grandes ciudades de Asia Menor Occidental; Teodoro Mangafas ocupó Filadelfia, mientras Sebastián Asideno tomó Samos y Mileto. Manuel Mavrozomes, se adueñó del valle del Meandro, con apoyo del Sultán de Iconio; los hermanos Alejo y David Comneno, nietos del antiguo emperador Andrónico I, tomaron Trebizonda y las costas del Ponto Euxino (Mar Negro) con ayuda de su tía, la reina Tamara de Georgia. Finalmente, las islas Cícladas y la isla de Rodas, fueron gobernadas por el antiguo gobernador imperial, León Gabalas, el cual tomó el título “César” y gobernó las islas con ayuda veneciana.
En Europa, Murzuflo y Alejo III dominaban Tracia y Macedonia, y León Sguros, Tirano de Nauplia y Acrocorinto, gobernaba zonas de Grecia Central.
De esta forma, la resistencia bizantina apareció por todos lados; sin embargo, ésta fue fútil, pues los cruzados invadieron con éxito Tracia y Macedonia.
Habiéndose enterado que los cruzados se dirigían a Tracia, Alejo III, aprovechó un descuido por parte de Murzuflo y ordenó que lo cegaran, volviéndolo incapacitado para gobernar el imperio. Luego Alejo tomó a su mujer e hijas y se retiró hacia Tesalónica, la segunda capital del imperio. Finalmente, Murzuflo, abandonado por todos, fue capturado cerca de Mosynópolis por la vanguardia de caballeros cruzados, al mando de Thierry de Loos, el cual lo condujo prisionero a Constantinopla. En la ciudad, Murzuflo fue conducido a un tribunal conformado por barones cruzados, donde se le acusó de traicionar a los fallecidos Basileos Isaac II y Alejo IV. Murzuflo fue condenado a muerte y fue aventado desde lo alto de la Columna de Teodosio, en Constantinopla, en el mes de Diciembre del año 1205.

Consideraciones Finales al reinado de Alejo V:
El corto reinado de Alejo V Ducas Murzuflo fue el final de los días de grandeza y esplendor de la gran ciudad de Constantinopla. En mi opinión, Murzuflo hizo lo que pudo por expulsar a los cruzados de la “Nueva Roma”, y su final fue muy injusto, pues, a diferencia de Alejo III y Alejo IV, que se dejaron dominar por sus cortes y no se atrevieron a combatir a los cruzados, el sí salió de las murallas a pelear contra los bárbaros latinos, tal vez no con el éxito que esperaba, pero se tiene que reconocer que el ejercito bizantino del periodo de los Ángel carecía de potentes unidades de caballería, a diferencia de los cruzados, y además muchas unidades de élite que los Ángel heredaron de los Comnenos, fueron suprimidas durante las reformas impuestas por los primeros. El reinado de Murzuflo, acabó trágicamente, dejando los Balcanes totalmente descentralizados y en estado de corrupción y anarquía completos.